“Quiero que sepas, que si bien es cierto que aún no vuelas conmigo, nunca he dejado de mirarte; de sentirte más allá que tu propia vida; incluso de olerte desde la distancia o de amarnos dentro de los sueños de cada quien; como poniéndonos otros nombres para no expresar nuestras debilidades en algo que aún no existe entre los dos; pero al verte en la tierra, me pregunto desde mi vuelo ¿Por qué sigues sin abrir tus alas para que vueles junto a mí o más allá de lo que por ahora yo soy? ¿Pero si lo que yo soy es lo que justamente te atemoriza? Entonces la libertad no es cosa tuya. Más te amaré como un águila que ama a su presa momentos antes del caos, con deseo.”
Ella se negaba a amarme, creía que yo le haría daño cuando la empecé a amar de verdad, cuando le cocí las heridas de un corazón golpeado por la vida, por desamores y decepciones; ella no confiaba en nada ni en nadie, y a veces ni en ella misma; se volvió exigente, orgullosa, se impuso como un ser perfecto queriendo buscar al hombre perfecto; ella había olvidado hasta su sonrisa, y se negaba a reconocer que me amaba, pero algo vio ella en mí que aún seguía a mí lado, será que yo la hacía sonreír cuando solo le llevaba la contraria el día en que nos conocimos, pero solo lo hacía porque me gustaba verla así, sonriéndole a la vida y al amor a pesar de que muchas veces no provoca hacerlo; ella se negaba a amarme, pero me amaba, y quizás, aún me siga amando mientras que yo escribo desde la soledad, porque dos palabras no salieron de sus labios, “te amo”, y yo, desde el recuerdo, y ella, desde que me fui.

Ella tenía la habilidad natural de enamorarme, de hacerlo con su encanto que provenía de su esencia, con su voz peculiar que le daba más sentido al tiempo que no suele perdonar, con su forma de pensar acerca del gran poder que tiene el amor para curar cualquier herida, conseguir la paz en el medio de una guerra, o de vincular a dos almas que se buscaban sin saberlo; ella tenía una sonrisa que alegraba a mi espíritu, un cabello largo que se asemeja a los caminos repletos con filosofías de vida, unas manos suaves y firmes para no dejar ir lo que estas quieran sujetar al lado de su corazón cuando así lo quiere, pero de repente sus cualidades se fueron al olvido, y yo me quedé como un hombre sin rostro en su memoria, y aún me doy la idea de que en el medio de su soledad sigue suspirando cuando me ve o me escucha, pero ella misma se dirigió al limbo de las realidades donde el amor no existe, y es porque nunca me imaginé que ella se dejara cambiar por ese mundo externo sobrecargado de frialdades, trayendo como consecuencia su alejamiento hacia ojos que la miraban desde lo profundo de su ser, ojos que se enamoraron, y que tristemente, quizás, fueron llevados al recuerdo.

Ella nunca fue mía en realidad, en sí nunca fue mía, así como tampoco fui de ella, solo fuimos dos almas que la casualidad nos presentó desde lejos, esa que te cuida de salir heridos, enamorados, o de apegarte a un amor cada noche sobre una cama que quiere la compañía de alguien más, y otras veces se encarga de repeler encuentros cercanos por medio de amores confundidos que evitan a toda costa tener algún lazo de compromiso, pero si en dado caso sucede existe un colchón golpeado por tantos movimientos mientras que él mira al vacío deseando a que esto se acabe para respirar tranquilidad, y la sábana lo comprende, porque pide a gritos un baño en la ducha, sintiéndose asqueada por tantas marcas de sudores o llena de frustración porque ha sido desteñida con ácidos que salen gracias a párpados tristes; y esas almas están ahí, arriesgadas a luchar en contra del destino, viéndose desde sus conciencias o tal vez al fin desde su realidad para entrelazarse sin mediar compasiones, medidas, o límites, era todo o nada, o al menos esa mujer lo quería así, y yo solo me dejaba ver entre placeres y placebos, lujurias y confesiones, pecados y rezos, pero jamás pasó, o al menos desde lo real, ella se acercaba cada noche para interrumpir mi sueño sentándose en una esquina sin verme, como pensándome desde lo remoto que esconde lo reprimido, y de vez en cuando cruzábamos palabras atentas y atractivas; ella es un hermoso paradigma que debo descifrar, su voz era un canto a la excitación de mi espíritu, su físico era lo menos que yo miraba, y de hacerlo, mis ojos se dirigían a sus piernas y a su largo cabello, y el medio de su espalda era mi vista, la línea perfecta para que mis manos fueran soldadas con pequeños trozos de existencias, pero no sé si existo aún en su universo o en su memoria, porque no veo que me mire a como antes miraban ojos ilusionados, y si es que la decepcioné, entonces no comprendo nada, o es que a lo mejor tuvimos inquietudes por aclarar y no fui avisado, a fin de cuenta, ¿por qué hacerlo?, no soy culpable, siempre hice lo mejor para esta mujer, pero ella no lo reconoció y es lógico, porque ella nunca fue mía en realidad, solo fue un hermoso evento inesperado como si se tratara de un aprendizaje hacia el destino, una preparación para poder aguantar lo que por ahora, nunca ha sido mío.

Ella es lo que quiero desde mi libertad, es esa clase de mujer que no se aferra a nada, solo vive, existe, y disfruta de los momentos de su presente, sin importarle que estos sean alegres, tristes, preocupados, o negativos, pero se mantiene firme en la razón de volverse consciente con el tiempo de la vida, con los dibujos de lo incierto, y con los mensajes del destino que llegan a la intuición y estos se convierten en sueños anhelados para luego presentar imágenes que vagan por las alucinaciones con el fin de definir lo qué es bueno para el espíritu, la piel, y el corazón; ella no molesta, no hace ruido, no juzga, no se complica, no se contamina, no se queda en discusiones tontas que jamás llegarán a ningún lado, prefiere esperar a que la tormenta pase desde lo seguro porque en sus recuerdos tiene muchas luchas perdidas por ignorar los consejos de grandes pensadores, y otras ganadas por dejarse llevar por las experiencias de los muertos, y lo mejor de ella es que no se la pasa leyendo cualquier escritura de lugares que deben ser abrazados por las emociones para luego vincularse con las energías del amor viviente, de la naturaleza de los sentimientos y del sentir de lo atractivo sin que este se desnude, sino que se muestre desde esa personificación sincera del alma, esa actitud positiva que nos hace ser especiales con todos y ser comprendidos por “el todo”; cada vez que veo lo que ella representa en mí veo un águila que sobrevuela los paisajes de la felicidad, de la confianza, de la meditación; esta criatura tan grandiosa, bella, infernal, magnífica y relajada de mis deseos se agarra de la mano con una conciencia que es libre y que le indica a ella que los dos existimos por la casualidad de un plan supremo, ese que nos ayuda a complementarnos el uno con el otro, ese que nos hizo pasar noches enteras preguntándonos desde la soledad si por ahí estaba la persona correcta con el objetivo de quitar el cemento que le agregamos al amor cuando fuimos decepcionados, y cuando la veo a ella es cuando mi piel se eriza porque sabe que mi muro caerá sin lamentos, y mi pureza quizás sea renovada, creyendo una vez más en lo hermoso que es tener en tu vida alguien que te amé desde lo que eres, y si ocurren cambios, es porque justamente era más que obligatorio, concluyendo qué, ella es la que será, porque con ella seguiré siendo libre sin nada que me ate, queriendo solo ser para después amar, y lo que pase después no me preocupa, porque con ella o sin ella, de igual forma existo.

Ella me atrapó con su sonrisa, esa que cada mañana me regala el aliento de renovarme para no perderme en la cotidianidad, esa que proviene desde su alegre e infernal alma pero con su toque interesante a través de sonidos perfectos, expresiones intrínsecas, y encantos icónicos; a veces su sonrisa es picarona cuando juega conmigo en la cama mientras nos acariciamos, calentamos, y desnudamos; a veces su forma de sonreír en la cocina se hace contagiosa cuando le preparo el plato que más le gusta, y si se trata de ensaladas se pone como una niña tremenda para comerme por completo llegando a la raíz de lo que soy y demostrarle mis hermosuras y mis demonios, pero al ella sonreír estos se iban de viaje sin saber cuándo pudieran regresar, no me importaba, porque ella parecía ser una diosa ante ellos; a veces su sonrisa es de amor intenso sobre esos instantes en que nos sentamos en el mueble para conversar desde la profundidad de lo que somos sin eximirnos de la pura verdad, de las ilusiones, o de creatividades, y hasta nos dábamos los códigos de la caja fuerte del alma para no esconder lo que muchos ocultan, la esencia; a veces su sonrisa se hace deliciosa para mis sentidos lujuriosos cuando me voy al baño a darme una ducha y quitarme la pesadez de la realidad, y ella entra como si mi mente la hubiese invitado, y a pesar de que el baño y mi cuarto tipo estudio es para desestresarme ella me sacaba de esos espacios con su sonrisa que rompe con mis reglas privadas, haciendo de mi soledad un recuerdo grato y terrible; subo entonces al desván para ver si me concentro en las cosas que debo hacer, pero ella me busca, me sonríe y me ama, así como yo la amo a ella, pero la mejor sonrisa que nos hace ser libres es cuando los dos sonreíamos en el paraíso del creador, porque al estar ahí simboliza que estamos abiertamente vinculados sin necesidad de colocar muros de mentiras, secretos, o materialismo, como esa clase de relaciones que muchos utilizan para apresarse, celarse, e intoxicarse, pero con esta mujer yo soy libre y ella conmigo, a fin de cuenta, ella me conoció siendo un perro, y yo la conocí siendo una bella flor compartida entre clubes nocturnos de distracciones retrogradas, pero nos fuimos enamorando paso a paso, y aunque yo pudiera ver a otras mujeres siempre recordaba esa sonrisa, pero nunca pensé que una sonrisa que proviene desde lo sombrío me atrapara para ahora ser una luz que relumbra mis sentimientos; y aunque los dos no estábamos destinados a estar juntos, mi manera de ser y su sonrisa será parte de nuestras historias por contar para quien necesite escribir de amores extraños, locos, y verdaderos desde la distancia como la que existe entre el cielo y la tierra; pues sonrisas como esas son difíciles de poder ver, y más si quien te sonríe con amor, es la hija del propio Satanás.

Ella ahora es un recuerdo, uno en el cual suele venir a mí sobre pequeños instantes vacíos, cuando mi mente no está ocupada hablando de filosofías o astronomía hasta con personas que ni se interesan de buscar algo más fuera de lo cotidiano, pero al rato les aburre porque lamentablemente son personas que se la pasan viendo el lado de lo normal y no de las locuras sin que estas sean lógicas pero al menos con un toque de sentido común en la realidad; esta mujer llega a mí cuando mis placeres no están distraídos mientras se sienten halagados por eventos sexuales sin sentimientos si es que sucedió por el encanto de mis palabras al dirigirme a una bella damisela sobre la esquina de una calle oscura, infernal, y misteriosa, y luego de ciertos desahogos con esta flor rara de la vida es cuando me pregunta si tengo recuerdos de un amor sincero que me haya marcado o me haya herido, y es cuando le hablo de ella sentada ahí frente al océano mientras me miraba con su sensatez, preguntándose si yo fui el indicado para su corazón, pero al besarme sus dudas se disolvían en la hoguera de mis verdades; su imagen sigue llegando cuando ya he hecho de todo entre diligencias, escritos, e ilustraciones, cuando mis pensamientos se callan por tanta soledad, cuando me quedo quieto mientras miro al silencio de mi pureza que se asoma en momentos de crisis al ver su figura llena de sexapeal, una foto que de hecho quiero quemarla y no porque la odie, es porque mi amor fue suyo sin tenerme compasión, y siento que todavía no lo ha soltado y eso hace que yo me detenga para volver a sentir sentimientos hacia otra mujer del destino, pero ninguna hasta de lo que yo sé y no sé si hasta mañana o hasta algún futuro borroso me importe más que los recuerdos lúbricos y detonantes de esta fiera que me robó el alma; podía oler su aroma en mi pecho al acostarme y sus recuerdos invadían mi calma para dormir, y es que yo me entregué a ella sin guardar una parte de lo que soy, sin mirar atrás para ver cómo se alejan las libertades de elegir otra desnudez sin temerle a la traición, sin miedo a enamorarme porque de verdad quería hacerlo, y si el destino cambiaba por parte mía, de ella, o de las cosas que suelen pasar sin culparnos a los dos entonces tendríamos muchas excusas para escribir hasta una historia que flotaría en el mar de los rincones del ser, del alma, y del espíritu dentro de una botella; ella fue tan especial para mí que si en la próxima vida me la encuentro trataré de evitarla, y no porque quiera, es porque esta vez no la quiero confundir con mi forma de ser mientras veo como se ahoga en un amor que no pudo aguantar, o peor aún, no quiero tener un recuerdo de ella despidiéndose de mí porque su barco fue hundido gracias a confusiones existenciales, pero si ella se acerca y tira las cartas de la confesiones, quizás el recuerdo se haga una hermosa existencia, y el ahora sería lo mejor que nos pueda pasar, aunque el ahora, siempre son recuerdos.

Ella era más que un cuerpo excitante; al principio cuando la conocí no pensaba en otra cosa que no fuera en su figura llamativa, debido a que siempre nos llama la atención todo aquello que sea esbelto, hermoso y atractivo, queriendo solo tenerlo en nuestras manos para que sea nuestro de alguna forma sin necesidad de escuchar palabras de advertencias o de precauciones, porque a veces los saltos al vacío hay que hacerlos, es ahí el dilema que existe entre la vida, la muerte, y el renacer; ella se asemejaba como una especie única entre millones de mujeres de este mundo, parecía como un fruto divino de la creación que resplandecía con su luz para que todos la notaran y de paso se excitaran, y muchos hombres querían comerla pero no se atrevían porque esta mujer no se entrega tan fácil a la lengua de los perdidos, ciegos, hipócritas, cobardes, y menos aún de los que se hunden en el vago mundo de lo material que creen que con dinero pueden comprar hasta lo intocable; ella siempre estaba sola entre su vivienda, su trabajo y sus quehaceres, y cada vez que salía yo me disfrutaba el comienzo de su investidura que era observada por mis deseos lujuriosos desde el balcón de las debilidades donde suelo fumarme los cigarros que aun eliminan ciertas inquietudes que tengo, y al conocerla ella jamás cerró su ventana, de alguna forma le gustaba jugar conmigo teniéndome solo como una teoría, excitándome con todo propósito con su desnudez cuando su cuerpo solicitaba descanso, o al vestirse nuevamente para salir frente a mis orgasmos distantes, me picaba el ojo y me sonría pícaramente mientras que la pistola se levantaba sin nada de vergüenza; ella se acostumbró a que yo la mirara desde afuera para que yo tuviese bellos recuerdos de una mujer que era atrevida cuando se le conoce desde el interior de su ser, quizás su castigo era mostrar un cuerpo natural y hermoso que otras quisieran expresar y que lo trabajan horas y horas en gimnasios de sociedades enfermas por la hermosura obligada; ella era mayor que yo, porque en ese entonces mi curiosidad se iba por los aires de una recién adolescencia que pegaba gritos de satisfacciones al momento de llegar al acabose de un fin excitante mientras yo me tocaba lo que su mente pecadora e inocente quería comer, pero los límites se anteponen cuando aún no eres responsable de ti, y cada vez mi deseo de amarla era aplastado por mi edad; ella y yo parecíamos dos frutos separados por un desierto y un océano en tiempos diferentes, pero al pasar los años nunca me olvidé de ella, nunca se me borró la imagen de su cuerpo perfecto, nunca rompí el diario donde anotaba mis emociones a través de ese puto balcón, pero yo quería comerme esa fruta que nadie se atreve a arrancarla desde su árbol, y cuando me la comí supe que su esencia era mejor que su cuerpo excitante, era la sabiduría ante mi alma; ¡qué mujer!, ¡qué Diosa!, ¡qué recuerdo!.

Ella ya no es la mujer de la que me enamoré, a medida que pasaba el tiempo fue cambiando de gustos, colores, y sonidos, y cada vez quería más, no se conformaba con nada, su alegría era como ver un milagro, su amor por el arte era diferente pero no de forma positiva sino rara, y por más que el arte sea raro existen ciertas lógicas que te pueden llevar a comprenderlo aunque este fuese incomprensible; ella antes abrazaba al romanticismo, las palabras de cualquier poeta incluso si el que lo escribía no era un escritor dedicado a que todo rimara entre letras y emociones, entre palabras y sentimientos, entre versos y navajas afiladas que hacían el quiebre de esos hilos que nos conectan con el lado del amor, de las fantasías, de las ilusiones provocadas por la soledad, pero en algún momento la navaja cortó tanto los hilos que pareciera que esta mujer se olvidara inclusive de ella misma; ella tuvo un momento en que todo no encajaba sobre su mente, se volvió más que selectiva, como si luchara entre su orgullo de los poderes del conocimiento y la humildad que aún le quedaba hacia el prójimo, era delicada con aquello que pudiera tocar su corazón porque el miedo a que fuera destruido la hacía alejarse hasta de quien estaba a miles de kilómetros de su alma, pero “el alma no es más que una luz del universo que se vuelve conciencia desde el núcleo central de la energía creadora”, y por tales razones las almas se pueden ver y sentir así estén distantes entre dos océanos de dos planetas del cosmos; ella fue mudando su piel como lo hace la serpiente para entrar a la fase del rejuvenecimiento, y cada vez que ella lo hacía su forma de ser se transformaba entre la oscuridad, la luz, la incomprensión, la benevolencia, y el pecado, y esto causaba ciertas discordias entre el amor puro de otros y el amor propio de la esencia de su ser, y su mirada era más fuerte, rígida, tenebrosa, amenazante y desconfiada, pero existían muchos retos a la hora de verla a sus ojos, y si le ganabas era cuando te convertías en un merecedor de su bella estructura externa, así como también de su bello universo interno; ella fue cambiando tanto que cuando creía conocerla ya no era la misma, y por más que yo hiciera el esfuerzo de conocer sus nuevas versiones ella se negaba a presentármelas, se volvió rebelde sin causa alguna, se volvió fría sin ningún motivo, se volvió distante sin existir ningún muro del presente, porque el pasado no formaba parte de nosotros, y el futuro era lo que menos nos preocupaba, pero no le pregunté si era yo el causante de todo esto, o si yo había fallado a través de palabras mal dichas, porque estaba más que seguro que no fue así; yo siempre estuve dispuesto a seguirle los pasos mientras ella siguiera los míos, y justo cuando pensaba en alejarme fue cuando recordé que a veces las personas cambian como si algún evento inesperado te pasara el suiche de la mente, como culpando a los demás para no tener que culparte a ti por hacer que otros invadieran tu calma, tu amor, y tu verdad, pero sé que ella en algún momento me traerá a su mente, y cuando eso pase su llanto será su propio perdón, y se dará cuenta que no todo es a nuestra manera, y que muchas veces existen cambios nada más que por joder, como cuando elegimos nadar en océanos, y al rato, nos sentimos sofocados.

Ella se desdobla para verme, se siente tan libre desde su soledad que su silencio hace que su espíritu decida buscarme cada noche cuando sus ojos se cierran entre nostalgias, ilusiones, y falta de confesiones hacia lo que siente por mí; su presencia es casi que a diario, y al hacerlo se materializa y me toca arrimarme a un lado de la cama para que sienta mi calor, ese que aún se mantiene como un misterio entre lo que somos y lo que el destino quiere que seamos; ella me conoce como si hubiésemos trazados líneas rectas o curvas que se relacionan a una experiencia de ese ayer que solo quiere repetir la misma modalidad de recibirnos sin que existan límites en el tiempo que hoy controla nuestra distancia; ella sabe mi nombre, mi identidad, mi cultura, mis conocimientos, mi filosofía, mi inquietud, hasta sabe cómo es mi físico porque le encanta tocarlo cuando me visita para al menos sentirse acompañada por algo más que su propia libertad, y creo que me conoce porque a lo mejor fuimos a lo que al sol de hoy se esconde en su inconsciencia; ella es una mujer andante que camina sin miedo a lo que desconoce, es feliz estando sola sin que nadie la moleste, es atrevida para corregir lo que se encuentra como algo erróneo, es virtuosa para lograr que su forma de ser marque la vida de quien la conoce aunque sea un pequeño momento como cuando esperamos a que una pintura se seque sobre trazos húmedos de fantasías y verdades; y es cuando digo, “la libertad absoluta en el ser humano no existe, porque siempre conseguirá algo que lo aprese de buena o mala manera. Creemos ser libres si andamos en el camino recto de la verdad, de la sabiduría, y del ser consciente, pero aun así nuestra conciencia sigue atrapada bajo el concepto de la búsqueda, esa que confirma la libertad que creemos poseer”, y ella siempre ha sido parte de esa búsqueda, al igual que yo para ella, pero al fin y al cabo, “somos dos almas libres deseando ser atrapadas por el puto y bendito amor, ¡qué ironía!”.

Ella me ama desde su soledad, de alguna forma nos pudimos conocer entre los rincones que colorea un descanso para personas que buscan flores que nacen desde la destrucción y ¡no! desde la simplicidad de las cosas, y fue justo ahí en ese punto de la nada donde esta mujer se hizo conmigo y mi esencia se hizo con la suya; ella me siente tal como el sentir acaricia el borde de una piel que se relaciona a la observación de un periódico, encontrando parafraseos delirantes que desbordan poemas capcionados entre el orgullo, la insensatez, y la falta de verdad, como si la misma noticia que se lee pueda emitir el gusto hacia quién hace la lectura y descubre lo simulado; ella es una pieza de alegoría que cuadra perfectamente en mis pensamientos disonantes, un desorden que a veces provoca mi buen augurio cuando la ilusión hace una realidad que no existe al momento de ir a una cama que sabe más de mí que yo de ella, tal como sucede entre el amor y la discordia del odio por el bendito placer de amar lo que no tiene; ella me conoce entre las cosas que se ven a simple vista, así como también ha descubierto lo que soy porque yo se lo he permitido gracias a que no tengo nada que ocultar, y desde el primer instante en que la conocí pude transmitirle sin miedo alguno lo que siento por su alma, por su belleza, por su forma de ser, por su manera de caminar, de hablar, de expresar, y de sonreír, pero aún con todo y eso el borde del periódico nos separa entre noticias amorosas, esquizofrénicas, y poco convencionales; y ella me ama desde su soledad… y lo sé porque cuando un escritor se enamora de lo invisible, lo invisible se materializa entre el orden y el desbalance de las palabras, tal cual como su rostro que conozco, y aun no puedo mostrarlo.
Ella me acaricia la vida.
Ella es parte de una historia que el misterioso destino escribe para mí a pasos lentos y sin apuros, y quizás el mismo destino le escriba a ella otra historia de lo que yo puedo ser en su vida, pero el destino suele ser tan cruel que a veces lanza barajas al aire para ver si el número más alto cae sobre la mesa de un juego donde se decide las conexiones de nuestras almas, las vinculaciones de nuestros espíritus, y las uniones de nuestros más fieles deseos con el fin de amarnos sin tapujos mientras que la verdad sea parte de lo que pronto ha de ser; ella es un personaje que existe en mi vida, porque ella tiene vida propia, no es una imaginación, ni es una ilusión, y mucho menos, es una alucinación de una mente desolada que se alberga en los abrazos de quién se puede decir que vive ¡pero qué vive! a lo lejos de lo que soy, como si uno viera a la vida y al destino “querer amarse” pero no pueden porque nunca fueron hechos con esos propósitos, tal como la fábula entre la luna y el sol; y es que tanto la vida como el destino quieren estar juntos para transmitirse sus emociones y sentimientos, pero no sucede porque a simple vista no han sido creados para estar, sino para ser sin estar, para tocarse por medios de fragmentos de su propia naturaleza, como una flor tocada, una brisa que roce sus labios, un arcoíris que adorne sus pasos, o un amorío entre dos humanos; y con lo poco que tienen, serán felices, hasta que “el fin” acabe con todo; ella es parte de mis pensamientos, de mis deseos, y de mis palabras, y lo que escribo no es más que un corazón que siente lo que aún no observa ni escucha, como esa mujer que me acaricia la vida sin que mi vida acaricie su existencia, sino que estamos ahí, solos, y solos en soledad.

Ella es mi Elena
Ella es la epifanía de mi mente; de los pensamientos ilusos de un escritor; de las delirantes escrituras que escribe entre lo imposible sobre un mundo que ha olvidado el porqué se debe amar sin que la desgraciada necesidad del interés esté de por medio como una causa para que el amor florezca a través de jardines perdidos que han sido quemados en los hornos de las superficies. Ella es la ilusión más hermosa de mis ideas palmadas en las escrituras; de las planificaciones emocionales de un ser que busca amar lo que aún no tiene frente a sus ojos; de los sentimientos más inocentes que vivo guardando en los más oscuros bosques de mi inocencia ¡para que cuando llegue el día! Pueda brindarle la luz y dejarlos expuestos entre vulnerabilidades y debilidades de todo lo que soy a través del hombre que sabe querer, ¡y querer para ser libre! Sin que el bendito amor lo aprese. Ella es una mujer libre que sabe volar ¡pero que al mismo tiempo! le teme a las alturas, pues quiero que sepas, ¡que si bien es cierto! Que aún no vuelas conmigo, nunca he dejado de mirarte; de sentirte más allá que tu propia vida; incluso de olerte desde la distancia o de amarnos dentro de los sueños de cada quien; como poniéndonos otros nombres para no expresar nuestras debilidades en algo que aún no existe entre los dos; pero al verte en la tierra, me pregunto desde mi vuelo ¿Por qué sigues sin abrir tus alas para que vueles junto a mí o más allá de lo que por ahora yo soy? ¿Pero si lo que yo soy, es lo que justamente te atemoriza? Entonces la libertad no es cosa tuya. Más te amaré como un águila que ama a su presa momentos antes del caos, con deseo. Ella es lo que la vida no me ha traído, ¡y yo como escritor! La traigo desde su mundo hacia el universo que yo he creado para amarla imposiblemente sin tantas ediciones insanas. Puedo llamarte Isabela, Antonella, Gabriela, Elena, Sofía, Rosalinda, Valentina, Margaret, Adelaida, Yolanda, Eleonora, Rosa Inés, o Larinse. ¡Tantos nombres que me he inventado! Que cuando digo “Elena” ¡entre todos ellos! Se me hace muy especial por si te apareces ante mí, y decirme con gracia, -Ella es la que es, ella es la que será: Ella es mi Elena- ¡Y a lo mejor! “Esa pequeña frase” es la epifanía que se ha manifestado en el mundo del hombre. ¡Y aunque tú no te llames Elena! ¡¿Para mí?! Siempre lo serás, porque “Elena” simboliza lo verdadero del amor: El alma.

Ella Es Parte de Mi Isla
Ella era una simple gaviota que sobrevolaba la isla de un sueño, donde alguna vez hubo un soñador que al verla venir, no hizo más que tomarle una foto sin que su voz fuera parte de una historia literaria porque no quería romperle su amado silencio: Ese momento donde las emociones del presente se dirigen al olvido ¿y la cálida memoria? Retoma el poder del ayer entre las líneas del vacío y la escritura invisible de lo que se quiere decir -pero que se prefiere- No decir lo que el corazón ya sabe ¡¿porque si lo hace?! Ya sería parte de un problema más que poético de un libro que rompe en llanto por la carencia de su lector aun cuando la siguiente página del escritor ya no sea la misma porque el poeta sugiere que el pasado: No es más que un recuerdo sobre soplos de aires que nos dan aquellas bofetadas para no caer en las derivas histéricas entre lo que no se pudo recuperar [-Por los escondites de las locuras por amarlo todo-] Y del que se pierde entre las normalidades de los versos falsos que van en contra de las discrepancias más que singulares, esa unidad con la que se mide el proceso del que ama o las razones del que ha dejado de querer; entonces respiramos entre las unidades de una triste o feliz elección: ¡¿Diciéndonos por ahí?! -Yo merezco un nuevo aire en mi vida- Desde el cambio o la ruptura más hiriente, hasta el dulce beso que lleva la última palabra: El adiós. ¡Aires de vida, aires de amores, aires del momento! ¡¿Pues “el aire”?! Nos sugiere algunas veces ese golpe en el pecho cuando recordamos a un amor que ya voló por sí solo; pero el aire también nos anima con su brisa necia y delicada a seguirle su camino como sugiriéndonos que la existencia: Siempre sigue y sigue pese a los dolores y a las felicidades desastrosas o milagrosas del mismo dolor del que se sufre; así como aquella gaviota que al ser observada por esta águila que aterrizó sobre aquella isla… -que hasta se me parece a “La Isla Wellesley” de Nueva York- [Y que la vio ahí parada como si se tratara de un alma difícil de poder amar dentro de su silencio por medio de su decir poético -sin que el poema se dirigiera hacia mí- Porque a según el soñador de esta isla] …Yo soy el espíritu más libre que no tiene el que quiere porque justo al decir “te quiero” las alas de las libertades se esconden en el armario de las terquedades; y como no puedo quedarme, elijo ver aquella gaviota desde mi lejanía sufrida; pero ella está ahí, siendo parte de mi isla perdida; y le cuido su espíritu perdido, porque en su mundo, ella sufre.

Ella es La Duda de Mi Vacío
Te busco y te dejo cuando la soledad me pega entre lo que escribo. Y te olvido cuando la escritura se ha hecho palabra entre lo que soy y no suelo ser, un escritor de día que ama a quien a palabra no puede decir ni un letra de su verbo, y un escritor de noche que le dice al verbo, lo que el poeta expone entre fragantes formas de existencias: Vivir a temple por si la muerte me llega mañana, o ser la muerte en persona que le dice a la vida -Espérate que aún no es tu turno de morir. Sigue disfrutando, que yo te avisaré para cuando te toque el último aliento de tu sentido vívido. Solo espérate porque el tiempo aún no es a mi favor para tenerte entre mis brazos, solo respira como la vida misma de lo que eres, un presente de corto sentir, un vuelo de pocas alturas, y un aliento de mi desaliento, amarte por sobre todas las cosas no sin antes saber que vives y existes lejana de toda distancia, pero tan cercana como cuando me sueñas entre las noches de pocos olvidos. Vive y siente corazón, porque al final, tu eterna existencia será mía por más que el mundo te llame de nuevo a su triste y feliz tragaluz, lo que algunos nombran como el propósito del creador, un ciclo que se repite quizás para evolucionar, o solo tal vez, para revivir lo que al tiempo habíamos olvidado, mi antagonía, la vida- Pero sea a cómo sea, mis dos formas de existencias pareciese que vinieran agarrada de la mano contigo, porque tú le das sentido a lo que a mi soledad no suelo sentir, lo imposible siendo posible, dejar de pensar tanto a lo que pronto escribiré, una confesión literaria: “Te pienso y te amo por las noches. Y te olvido por el día. Quizás el amor de los amantes por el arte es así; como buscando entre lo sombrío la luz tenue que no se revela si no hay sombras a través de luces a poco souvenir. A lo mejor la inspiración de mis pensamientos expuestos en palabras solitarias se comporta de esta manera: Perdidos entre destinos sutiles; mas no inconsciente entre oscuridades de a poca lucidez; así como lo eres tú: Una lógica que a mi escritura aún no alcanzo conceptuar, lo normal. ¡¿Y tú y yo?! No somos normales. Somos el punto medio entre el límite y el desborde; justo donde el artista saca lo mejor de sí, su obra maestra: El amor por la vida, así como el amor por la muerte por más que la olvide al renacer”. Entonces al final de este cuento, tú eres la vida y eres la muerte, eres los dos lados de la existencia, eres el amor que busco y que a la vez no suelo preocuparme por buscarlo, porque si se trata de morir, qué sentido tiene vivir, ninguno; como lo es la nada cuando el todo le dice que no existe. Somos vacíos sin sentidos, amando lo que perdemos, y perdiendo lo que amamos [¡Complicidades mi amor!] -¡Qué ridiculez!- Nadie se salva de ella; y todo se reduce entre “el hoy” y “el soy” -¿Ser o no ser?- Pero al fin y al cabo, todo sigue; y nunca sabremos las verdades que se nos ocultan en este todo, y las que se revelen por sí solas, es como la pausa que existe al dudar, dejarte, o tenerte. Vacíos.

Ella no es mi Mundo. Es Parte de mi Universo.
¡¿Tienes tantos nombres en mi universo?! ¡Qué ya ni sé cómo llamarte en mi mundo real! -¿Pero qué es la realidad mi amor?- Es solo una ilusión que crea la consciencia de nuestra mente para así creer -que lo que llamamos realidad- Es tan solo como el dolor del amor, lo sientes desde tus adentros; así como te siento a ti cada vez que me observas por algún lado de tu ojo mágico como un pensamiento que se transforma en un sentimiento que a la vez se modifica como un movimiento que mueve a las piezas del rompecabezas sobre ese pulipitar que de alguna manera tú sientes al verme o al sentirme por cada vez que me recuerdas cuando realizas tus propios quehaceres; o por cada vez que me lees así como por cada vez que me escuchas al leerme con tu mente, o quién quita, si es por cada vez que te llamo desde mi cama para que tu espíritu se desdoble desde la tuya y se materialice etéricamente en la mía como una energía creadora de emociones vastas para amar y solo amar sin que haya nada que nos ate al pasado o al futuro, sino esa clase de amor que se vive desde el presente de lo que somos: Amantes de almas que se buscan entre cuatros paredes inexistentes; y te imagino ahí mi dulce dama, viéndome desde tu ventana tan sola como con tu soledad -¡¿Cuál de tantas?!- Es verdad, en todas las posibles en donde tú te encuentres tanto a cómo yo: Quizás entre ratos de vagancias en que uno no sabe qué hacer con los silencios libres de una vida que por un fragante momento se hace tan vacía a cómo lo es destino sin causa: Y todo es una causa, y yo llevo años encausándote a mi pronto destino, mas no lavándote el cerebro para que tú te encauses al mío, no tengo ese derecho mi amor, ¿pero lo que sí puedo? Es darte una idea de cómo sería tu existencia con la mía; como el poeta y el solo poema, dos existencias que pueden vivir tranquilamente por separadas, pero si realmente desean vivir más que una vida simple, necesitan unirse el uno con el otro para crear los artes que el mundo requiere para que al menos sobreviva o en dado caso subsista a esa desidia humana sin magia alguna que valga para evolucionar y no estar pisándose los escritos de cada quién como arte y como obra artística de vida reflexiva. “Mundos entre Universos”: Somos universos mi amor, y tú eres parte del mío, mas no eres el complemento de mi vida -¡¿Perdóname si soy egocéntrico?! Pero yo mismo me completo porque sé lo que es vivir y existir con las únicas existencias reales que han estado ahí para mí en todo momento por medio de mi amada soledad, mi alma y mi espíritu- ¡¿Pero sabes qué?! Me he dado cuenta que mi vida cambia cuando te siento a mi lado; agregándole más colores a la existencia de mi vida de lo que yo le puedo ofrecer desde lo que soy como pintor que pinta a una vida con ganas de sonreírle más a su lienzo. ¡¿Y tú?! Tú me haces reír mucho más con tus locuras entre los parques cercanos de los psiquiátricos de la loca vida que de la vida misma: A vacíos cuerdos e inertes -cuando esta desde sus apegos entre leyes y normas- Solo quiere encajar a una normalidad entre sociedades ya cansadas de amar por amar y no amar porque se ama desde el corazón, ¿y para amar desde el corazón? El amor deberá volverse loco para hacerlo realidad; y al parecer, cada uno seguimos cuerdos a hoy, mas no cuerdos en nuestros universos, porque en este espacio [en el tiempo sin tiempo] estamos más loco que el destino mismo, queriendo ser, y aún no es.

Ella es La Estrella que Me Hizo Polvo.
Mi corazón habla de amor cuando ve que la razón de mi mente no siente la vibración de su consciencia frecuencial para solo amar: Esa realidad lejana de quien aún no está presente en su vida diaria. Mi razón habla de amor cuando ve que mi corazón se entristece cuando piensa que tú como estrella distante y lejana has dejado de buscarle las exactas palabras por la cual cada una -en su forma de ser- forma un verbo como pensamiento de un sentimiento consciente: Esa emoción por la cual el corazón enamora a la loca razón -no para que le diga que cada decisión tomada debió tomarse mientras que se amaba en sí- No, sino para que la razón sepa que mientras se esté pensando en el bendito amor, las decisiones que se tomen, no serán tan duras ni tan frágiles, ni tan diferentes o indiferentes, ni tan odiadas ni tan amadas, sino que es recibida en “el punto medio en donde reside el pensamiento lógico y el sentimiento estoico”, como si la filosofía se hubiese enamorado de la vida misma; pero como bien se sabe, “el filósofo no se ata a ninguna idea, mas la existencia de lo que crea el que busca saber, hace tiempo lo ha atado a la idea de su propio ser”, y no solo para saber que existimos como si fuéramos una ideología de vida; no solo para saber que estamos “tú y yo” -aquí y ahora- en un mundo que nos mantiene distantes hasta que el presente mismo nos encuentre para que seamos el momento de un pensamiento -¡¿estar?!- Sí amor, “amarnos estando”: No solo para saber que no estamos tan solos como para olvidarnos el uno al otro cuando el horizonte se aleje cada vez más de nuestra búsqueda, porque si tú no me olvidas [-y yo tampoco-] cómo olvidarnos si tan siquiera hemos existido en realidad; cómo olvidarnos si tan siquiera nos hemos besado en un nuevo encuentro por debajo y por sobre de una realidad que se va creando por sí sola; pero pregúntame cariño mío -¡¿cómo?!- Si tú me piensas -aunque creas que no lo haces- Si tú me buscas -aunque sientas que tampoco te dispones a querer hacerlo desde tu tiempo- Si tú me deseas -aunque tu placer no sea amarme en sí sino tenerme y ya- Si tú me hurgas -aunque digas que no te profundizas en lo más hondo de ti para quererme sin verme- Si tú me imaginas ahí contigo -aunque lo niegues en ti- es ahí en donde la causa encausa el cauce de nuestro encauce en común, encausándonos a solo amarnos sin secretos, sin misterios; a solo amarnos dentro de un universo que ha sido estrellado por ese eterno pensamiento del solo ser, “una vida bajo las estrellas”: Porque justamente eso es lo que tú y yo somos cariño, dos estrellas perdidas buscándose en un vasto existir; pero qué más da, pronto seremos. Si infinitas estrellas bajaran al planeta tierra para estrellarme con su fuerza antes de que mi existencia dejara de estar presente en la tuya entre ellas, al menos me quedaría tranquilo en saber que cada parte de ella estrellada en mí, fue tan solo un polvo de lo que antes tú y yo éramos en el universo, dos mundos encontrados que al chocar al verse se volvieron polvos de estrellas que al caer sobre quién busca amar hace que se enamore de quien todavía no ha visto el infinito, el amor.

Ella Es El Deseo Negado
De tantos deseos que tenemos los hombres, ¡¿nuestro mayor deseo?! Es el de ser dueño de “lo intangible”, aquello que se nos niega pero que al mismo tiempo se nos muestra una vaga imagen del cómo sería si lo tuviéramos en nuestras manos, y muy aparte de que el hombre desea solo “el poder” como una forma de controlarlo todo, al ver que no puede controlar lo que supone que puede ser suyo si “lo rebelde” se rinde ante sus pies, el hombre no sería feliz ya que, lo que él quería, se volvería en una vacía existencia sin espacio alguno por el cual se pueda ocupar, ese deseo negado que al tenerse se negaría a sí mismo con el objetivo de no existir con quien no sabe cómo ser, cómo abrazar, cómo apreciar, cómo encariñar, o cómo amar; pero sobre todo, no sabría cómo darle valor a lo que su valor ya no vale a virtud de que su gracia era la de ser libre de entre las cosas, porque al encerrarla a través de la ambición de cuando se tiene a la fuerza lo que no nos merecemos a propia voluntad, a la vez, la voluntad del otro, de lo encerrado, se pierde entre los horizontes sin que el mañana se revele ante nuestras vistas; entonces perdemos al mirar a la nada, porque en sí no estaríamos mirando a un “futuro seguro” sino a “lo incierto” de cuando no sabemos si ser “el hombre que desea a la fuerza lo que no tiene” [y que al tenerlo lo controla a su manera] o si ser “el hombre que ama lo que nunca tuvo” pero que si lo llegara a tener se mantendría en el principio de que “amar no es controlar sino dejar ser lo que se está amando desde la mente del que libra”, como si le dejáramos al amor a que juegue con nuestros sentimientos por más que nos duela o por más que nos salve de aquello por el cual tenemos que “curarnos para así sanarnos y cicatrizarnos” para cuando nos llegue esa próxima aventura de un nuevo amor, de un nuevo dolor, o de un nuevo renacer entre “la consciencia emocional”, la que no desea nada de nada porque solo vive su presente, y la emoción del corazón, aquel que sí desea lo que no tiene pero que al tenerlo no lo coloca en la nada, sino que lo hace su todo porque del todo somos, “intuiciones, sensaciones, y premoniciones”, los tres actos del mago, ese creador del todo: Ese que crea vida para amar; ese ser misterioso que al revelarnos su acto de magia nos enseña lo que jamás habíamos creído que era cierto, “para cuando llegue el acabose del mundo, la última en morir será la mujer; como si su final fuese el deseo negado del hombre que la amó”, como si nosotros los hombres la culpáramos por ser la madre de todas las cosas pecadoras, porque de su vientre proviene el bien y el mal, el hijo nacido y el hijo del hombre no nacido; pues todos los seres humanos somos así, pecamos y luego rezamos por nuestros pecados -¡¿Qué vileza habrá hecho la mujer para merecer a un hombre que lo ha acabado todo?!- pero lo que no sabe el hombre, es que la mujer es la hija que sí tuvo la muerte antes de que se orara -¡Hágase la luz!- aquella que ilumina al mundo oscuro; mas el hombre creyendo en parábolas sagradas, se cree santo porque el sacrificio lo procreó, el deseo negado, deseando entrar de dónde él vino, de los túneles.

Ella Es El Apego de
Mis Principios Libertarios
Tú que siempre estás ahí, observándome con esa mirada de que cree todo “en lo que yo creo” y a la vez “no lo cree” al estar por debajo o por encima de mis creencias certeras o invisibles porque al parecer a según tu mirada que culpa y que juzga porque bien me conoce lo que soy, esa que suelo “aceptar” cuando me hace ver mis pecados erróneos; esa que suelo “abrazar” cuando mis propios pecados son perdonados por lo que eres, reconocimiento de mí; esa que suelo “apreciar, encariñar, y amar” cuando yo siento ese amor no en su forma como mirada fuera de mí sino en los ojos del alma que se ve por medio de la verdad de lo que somos tú y yo, energía: Una que es intangible para cuando lo puro del amor se hace consciencia pura; esa que suelo “olvidar, recordar, rechazar, ignorar, encerrar, admirar, idealizar, o liberar” cuando la mirada de quién me mira no es más que “lo libertario” que siento al “contradecirme” como duda o “de mí sin dudar” de cuando me respondo -¡Ya sé lo que soy!- y es esta “firmeza, creencia, o consciencia”, la que me hace ser libre de todo con el principio de que “la nada” sea la aclaratoria más idealista de quien reconoce que a veces “lo sutil” es un “subibaja” para quien ha aprendido a no complicarse a virtud de que el tiempo es un regalo y que por ende “no podemos ni debemos” despreciarlo a razón del control o al control del amor; pero que al no razonar o al no controlar las emociones de tu mirada, lo que hago es responderme a la interrogante que me redirige a esa otra mirada que tanto odio porque la amé desde un principio o que tanto amo porque la odié cuando “el principio” -uno que yo pensaba que sería por siempre y para siempre- llegó a su fin porque “al fin y al cabo” todo llega a su final; como si el principio mismo de aquel ciclo de mi vida fuese “la idea” de una firme libertad para cuando mi alma reencarne hacia esa otra vida o hacia ese otro amor u odio en donde cada mirada de ambos se ven de frente cuando la muerte les dice -Llegó el momento de ser el otro. Tú como “odio”: Serás “el amor” para que comprendas lo que este “sentimiento” tan seguro de sí mismo sufre por ti al no amarlo sin que te odies para cuando lo ames en silencio. Tú como “amor”: Ahora serás “el odio” para que entiendas lo que esta emoción tan confusa de la vida siente cuando ve que por más que lo amen, al final, será odiado por lo que él más odia, a ti, y no porque te odie porqué para él, tú eres lo más bello que existe, “lo invisible” que se nota, sino porque te ama aunque tú no lo ames a cómo él te ve en su existencia, con valor. Y ustedes dos, “amor y odio”, serán partes y contrapartes de sí mismos; como entre nuevos comienzos de ambos al contrario- como si la nada del todo de lo que soy fuese una conjetura de lo que puedo ser que no fuera otra cosa que el lado sensible de las mismas cosas de lo que aún no noto mientras que el lado fuerte de lo que sí, puede sentir a un corazón que piensa más que la mente o que el mismo pensamiento al momento en que la mirada se interpone entre lo que quiero controlar o liberar, mi apego a “un mundo”: Tú.

Ella Es Mi Mayor Revelación
Desde el día en que me hice consciente de tu existencia, puedo decir que la frase “amor a primera vista” la he confirmado porque mi espíritu me dijo que sí era verdad para cuando pude sentirte por medio de mis sentimientos mas no a través de las emociones del hombre, ya que, cómo creerle al hombre si para cuando piensa, habla, u obra, a la vez, uno no sabe si está pensando, hablando, u obrando la sociedad que yace en él o lo personal que aún habita en él creyendo que es de él cuando que son principios de otros mas no sus verdades como valores del mismo principio como individuo, así como en lo individual que él cree que hay en su persona sobre aquello que el nombra como las formas de sus ideas, no más que las inducciones de las emociones del hombre, dioses, costumbres, hábitos; pero al ser espíritu, de cuando es con el hombre desde él, es cuando él se reconfigura desde el otro él y no porqué otros se lo impongan como una forma por la que él no pueda pensar conscientemente, hablar “obrando” a virtud de la confianza del ser por las que las palabras de sus pensamientos son el verbo de un pensamiento lleno de eternos sentimientos a “conciencia”, como quien elige amar sin condiciones con tal de que “el amor” no se sienta apresado sino liberado sabiendo que cuando quiera “la puerta” existe ahí para irse o existe para quedarse mas no para estancarse entre los desenlaces que no llegan a un final feliz, sea para decir adiós con una enorme sonrisa [-con la que nos volveremos a enamorar para cuando la muerte nos libere de lo que somos, todo, como si creyéramos que a su tiempo nos motivaremos a encontrarnos para enamorarnos ya sin tantas nadeces-] como la puerta que sigue ahí para el amor, ese que es libre, porque de no decir “adiós” si es que no yace apresado, pudiera ser entonces para esos “hasta luego”; de cuando volvemos a “casa”: Ese sentir por el que nos enamoramos a lo loco de “los poemas de los poetas”, de las ilustraciones del pintor, del escultor que nos moldea a su imagen para cuando nuestras semejanzas es para con todos en todo desde su “arte”: Ese artista de vida que puede ser cualquiera, tú, yo; un sembrador, un pescador; un arquitecto, un ingeniero; un costurero, un sastre; un “bailarín”: Un niño que juega a la rayuela sin saber “la gran complicación” por la que el hombre aún le pone al jugarse la vida, y más, si ha leído a quien la ha jugado desde su escritura, desde su deseo, desde ese conocer a alguien a profundidad; mas cuando cree llegar al fondo del pozo, resulta que ha llegado a la tierra hueca del mundo, un paraíso infinito de “rayuelas eternas” desde la existencia de quien juega por siempre y para siempre -“Te he amado desde el momento en que te vi; como si en tus ojos yo encontrara lo que creía perdido en el hombre, el amor”- y sí, el amor será ese siempre entre las cosas vacías, las emociones del hombre, o de lo lleno, “animales, naturales, sobrenaturales, existenciales y espirituales”, como si en cada ser existiera una razón para amarlo por más que creamos odiarlo: Algo profundo no descubierto, pero al verte en mí, yo te revelé; alma mía... Así como Natalia y su canción [-sola, siempre sola-]. Ser.

Ella Es Un Dudoso Poema
No importa lo que ahora te diré, solo quiero que sepas que en cada noche te pienso a cómo lo hago con el mundo, con amor de arte, pero no del que todos expresan por algún tipo de interés, sino de ese afecto caluroso que pareciese ser desinteresado entre las cosas banales del hombre, una sonata que al tocarla y al cantarla, según a cómo yo lo veo, es libre sin que la misma melodía la aprese a un todo armonioso y rítmico desde este pensamiento que te dirige sin control; de este verbo y ser humano que, por medio de sus palabras, me ha hecho acreedor de lo que controlo al verte en mi mente; mas si de frente tú me amaras a cómo yo amo las flores, desde su tierra, sabrías que, yo no te arrancaría ninguna parte de ti, tu raíz: Yo te dejaría ser tal cual a cómo eres, una flor perfectamente en lo natural e imperfecta en lo material del hombre cuando hacemos de la misma un plástico sin sentido así como de esas parejas que se disfrazan de perfumes cobardes porque no soportan el olor del miedo, “la verdad” por no perder lo que quizás exista, una vida; mas si me lo peguntas, lo que tienen, es muerte sin que lo real los ayude renacer el uno al otro para que así sus bosques gocen de ese sentido perdido, de ese principio del vacío que nos ocupa al morir -amor- entre palabras, entre pensamientos, entre emociones, o señales tal vez; como yo de repente te señale al verte renaciendo porque he muerto, al verte caminando sola -sí, lo sé, tú estás sola porque me has superado- y sí, comprendo tu cansancio entre los hombres; pero déjame decirte que este hombre, este humano, este individuo, esta persona que ha roto con los estándares sociales, ha superado al mismo hombre al vencerse; y no, no soy egocéntrico, soy un ser humilde que a lo mejor ha matado a su ego cuando que, al mismo tiempo, estamos todos en una esfera egocéntrica y orgullosa, razón de ser: “Propósito: Lo que nos encierra. Propósito: Lo que nos libera. Propósito: Lo que nos crea y recrea cuántas veces así lo decida “el orgullo” -¡Quizás Dios! ¡Quizás todo! ¡Quizás nada!- Pero aquí estoy a cómo dicen los “filósofos” o los grandes pensadores, escribiendo esta dudosa poesía a lo que algunos llamamos “La Noche Oscura del Alma”, de cuando nuestra consciencia se nubla por un momento no más hasta que, de algún lado, “en lo oscuro, luz somos” a la vista; y sí, tú eres parte de lo que “yo soy”: Un espíritu que ama aunque la oscuridad lo lleve a lo más hondo de su ser, ese núcleo que nos ayuda comprender que para entender “el amor” no necesitamos rechazarlo por miedo a que nos encierre sino aceptarlo aunque cuando todo termine nos sintamos libres como con ganas de odiarlo más; pero tú, “vida eres para mí”, porque “luz eres” y serás al escribirte, al pensarte, al desearte desde la cama de dónde aún duermo, entre espejos que me encierran y que me abren portales por los cuales me libran -Placer- como “la casa de los placeres” entre los deseosos parisinos; y no, no eres de esas, eres de las que sin saber me sigues dando elixires; imagínate cómo sería si tú no existieses en París, estaría buscándote entre las calles sin retorno; no más que un necio entre quietas piedras... Un tiempo sin espacio; sin ti: Un tú.

Ella Es La Existencia
¡¿A dónde fuiste a parar mi amor?! ¡¿Qué ha sido de ti?! ¡¿Por qué como de la nada abandonaste al hombre justo cuando al fin se ha levantado al creer que tú eres eso que nombran como “propósito”?! ¡¿Si supieras cuántas veces te he buscado al levantarme, estarías preguntándote si son tus sueños despiertos los que me buscan o si es “esa necesidad de buscar a quienes nos levanten de la cama” por si la quimera aún nos sueña despierta?! ¡¿Por qué cuando te pienso al sentarme en el sofá de mi sala, te colocas a mi lado sin que lo que eres, luz, se materialice, un espíritu que se desdobla desde el cuerpo queriendo que alguien lo ame, queriendo que alguien le diga “te extrañé”, queriendo que lo extraño de sus rarezas sean las razones por las que, el amor, quizás nos ayude a entender esos “por qué” de la vida que muy irónicamente es más rara y más extraña que la lágrima de quien llora de felicidad?! -¡¿A dónde fuiste a parar mi amor?!- ¡¿Es acaso, que no soy bueno para ti o es posible que tú no seas buena para quien a veces actúa como un monstruo por si sus demonios se escapan de la cárcel de tus inquietudes con el objetivo de inquietar a quién de su paz es tan feroz como la guerra o como el caos, el orden del hombre por si, a su ser, se le olvida decirle -“no me busques cuando te inquietes, para eso me tengo a mí, búscame cuando tu quietud no me halle”- desde su caótica batalla que “aunque nos peleemos, el tiempo al igual que los momentos son los recuerdos que tendremos al volver una vez más”, y otra y otra más, y agrégale otros “cuántos más” porque la vida es así, “la vida es la suma de todas las cosas, la existencia”: Eso que eres tú, mi todo, mi propósito; mi razón?! -¡¿A dónde fuiste a parar mi amor?!- ¡Cuéntame! -¡¿En dónde has estado, qué has estado haciendo; qué libro ahora estás leyendo, qué película ves ahora, qué canción ahora escuchas?!- ¡¿Qué oratoria rezas al acostarte, quizás la del Cábala, tal vez la de La Biblia, o de ese Smith, La del Mormón; o no, ¡ya sé! Quizás la de un ser despierto que te escribe como para que reces su lectura al orar su verdad, que se ha levantado ante el mundo, que se ha levantado de lo malo porque al recogerlo lo hace bueno a la vez sin que la maldad tenga caída al decir nada, porque, “cómo odiar al amor si al levantarse es el mismo odio al caer”, ese desprecio al no enamorarnos de nada, ni del mundo, ni del hombre, ni de la naturaleza, ni de la muerte, ni de su ser?! -enamorémonos y veremos cómo la nada desaparece al ser tú y yo, la vida, ese morir en paz desde el ser del hombre- ¡¿Dime?! -¡¿Qué poema has escrito, cuántos libros has poetizado, cuántos amantes has tenido al escribir sus nombres en tus locas historias poéticas, cuántas mujeres has corregido desde tu lado poético, cuántos pensamientos se te pasa por la locura al creer que yo volveré a la poesía de tu vida?!- ¡¿A dónde fuiste a parar mi amor?! -¡He vuelto desde la otra existencia para solo no más que iluminarte a ti!- ¡¿A dónde fuiste a parar mi amor?! -¡A lo profundo de ti, a lo amoroso de ti; a lo odioso de cuando me miras con esa mirada que de alma no tiene nada pero que al verte, sabes que te amo!- ¡¿A dónde fuiste a parar mi amor?! -¡A la misma pregunta que tú!- Adónde nadie me vea, a la oscuridad.

Ella Es Mi Esposa: La Existencia.
Sé que “me mirás” desde la ventana de tu casa [-¡¿Qué cómo lo sé?! ¡Pregúntate mejor! -Si- ¡¿Realmente yo no existo entre tus pensamientos?!-] como observándome desde la lejanía de la vida que nos limita -hasta ahora- como para no poder amarnos sin que el mismo Dios nos aleje de lo que sí somos, “propósitos”: Yo por aquí con mi gracia humana, entre perfecciones y errores, como “amar y hablar mal del amor” o como para que nos llegue “esa otra oportunidad” de quererlo de nuevo; volverlo a intentar “aunque dure un segundo”: Y tú por allá, con tiempos de sobras y con tus vastas razones que hacen del ser humano un cofre de ti; de lo que eres al pensarte aunque sea un momento en el tiempo, creer que existes porque te sentimos mas no suponer que eres un misterio porque al hacerlo, ¡¿mi tiempo?! Se atrapa en un todo sin que yo tenga alguna clase de revelación al yo decirte: “Sintiéndote estoy entre “Los Bailes de Las Gaviotas” que se alegran al llegar y al jugar con su amado mar: “¡Olas de Gaviotas!”: Las formas escurridizas que utiliza el poeta silencioso como para escribir que su pez, “lo libre ocultado”, como el existencialismo de “Friedrich Nietzsche”, es un águila que se lo come al ser ella -“El Hombre Dios”- quien de la vida involucione de su misma alegoría al sentirse libre de nosotros, de ser nada y no más que eso: Una “exhuma”: Existencia que pareciera ir hacia adelante cuando que, si lo pensamos un poco, la vida, es un retroceso por el cual nos dice que hay un futuro al volver; como si la muerte del hombre o de su natura no existiera en lo que quedó, un ahora: Pero que al sentir lo que hay, al pasado ya está. Es definitivo, ¡¿una conclusión?! Se da de a poco como si nunca se escarbaran los resúmenes de quienes sí se dicen “esto es lo que hay, gózalo”. Y conceptúo, que “por gozar”: Es por lo que la naturaleza triunfa, deshacerse del hombre aunque de bien sus animales se la disfruten. Sé que tú, como la existencia de todo, suponemos que a la vez, no eres tan justa contigo misma. Qué raro; pues a veces presiento que no eres tan torpe como aquel que de su existencia dice ver cuando que no se percata de las pobrezas y de las miserias que abundan lo obtuso [-“Un niño llora por hambre. Un niño llora porque lo obligan a comer. Un niño llora, porque el hambre ha muerto-”] como si lo que somos, fuese un retrato mas no de ti, “multiplicar la bondad aunque la injusticia nos aniquile”. Aunque la corrupción nos quiera comprar la verdad, “eternos silencios”: Pero del infierno me alimento y del cielo me digiero al decirlas [“Para ti mi esposa, que no eres más que la existencia, definitivamente este lugar es un mundo raro; la vida. -¡¿Qué por cierto?! Es mi amante. ¡Discúlpame! ¡Te lo tenía que decir!- Como de esas aventuras en donde, no pertenecer, es en donde todo acaba y la muerte nos regresa a lo único lógico que hay, un tú. Hay de la razón, si es nuestra única verdad. Fragmentaciones”] porque al gritarlas “YO SOY”: Nombro al yo de mí [-¿Tú eres mi “Yo-Dios”? -¡¿Y tú?! ¡¿Tú eres mi sangre?!-] como si al nombrarlo hiciera de mis eufemismos una libre cárcel de lo que soy como solo hombre, “qué irónico”: Algunas existiendo como tú, sin nada qué poseer, y otras [-¡Ja!-] como yo; del mundo. ¿Y qué mal hice, como para no ser nada? [-¡Haz vuelto a ti!-] Lo sé.

Ella Es La Rectitud del Siempre
Mi más bella existencia del alma, mi esposa eterna por sobre todas las cosas, quisiera describirte, en la medida de lo posible, lo que realmente he sentido por ti desde el día en que hice consciente tu espíritu de gracia y benevolencia por debajo del mío pero aún mejor, por encima de la vida misma que pareciera a veces perderse entre las muertes que “ha de tener” el hombre por si de tu razón, o de tu verdad, ser lo que somos, “una mente, infinidades de pensamientos”: Es el sendero por el cual la existencialidad de todos como seres vivos es el encuentro de un tiempo de poder ser más que mundos desiguales; de poder ser amantes de la existencia viva que une más de lo que separa. De poder ser el interés más desinteresado de los materialismos y de las riquezas del pobre hombre que ve más que de lo que siente, el de defender a la humanidad ante los destructores de los sueños así como de los recuerdos o de los deseos que nos hacen ser quiénes somos en sí, portadas de libros que a la primera observación, “el lector” ignorante nos exterioriza su desapruebo, como diciéndonos “leo lo que me conviene, no lo que me pueda liberar”: Un futuro que aunque incierto sea como todo, no le damos “la esperanza” de que aun a hoy, pudiéramos sí, cambiarlo si lo pensáramos a cómo lo hacen “los decoradores” de interiores, desocupar los espacios luego de haberlo “ocupado a su tiempo”; tal cual como la lectura de aquello que creíamos que significaba nada pero que al adentrarnos a su espacio, no al nuestro como tiempo, sino al de ellos y sus “pensamientos libres”, vemos como lo personal del hombre desaparece y que sin importar qué, nos sentimos vivos porque de alguna manera alguien pudo desligarnos de los espacios interesados, “aplausos, famas, y galleticas de oro”, lo que lamentablemente es “la sociedad”: Notas musicales que al tocarlas no generan ningún tipo de sonido a menos que “les interesen algo de ti”, algo material, no lo espiritual, “para qué”, se preguntaría el que tu pensabas que le importabas porque tú le dabas esa importancia pero que al ver que no, de que no estás en sus niveles de “prioridades” te preguntas a la vez decepcionado si es mejor aplicar “las ochos rectitudes por las que los humanos conscientes valoran la vida” [-al igual que todo en ella-] que los del mundo y el hombre que lo consume; de las cuales, es la forma por la que yo te reconozco: “01. Hasta los pétalos de las flores confunden a las abejas: “La muerte siempre gana”. 02. No pienses que a la espera de que nazca el bambú “desechos” no recogerás: “La verdad siempre sale a flote”. 03. Hasta que llegaste tú no había pensado en la locura: “Los poemas enamoran siempre aunque muertos algunos estén”. 04. Porque del hogar somos todos y de la rueda, la fortuna, nos separamos: “El hombre siempre miente, la mentira... No; es palabra”. 05. Hasta cuándo el espacio en el que estoy ocupará el tiempo en el que no: “No siempre estamos”. 06. Algún día los peces volarán tan altos a cómo lo hace el águila, pensando en su flor: “Hemos de volver siempre”. 07. Aquellos que despertaron han desaparecido: “Descubrirnos nos hace olvidar del siempre”. 08. Te amo. Aun si te pienso. Aun si te alejo como para pensar. “Libertad” tal vez: “Nada es... Siempre... Sí”.

Ella Es Mi Otra Inspiración
“Si en algún momento “la vida nos presentase” y sientes, en lo más profundo de tu ser, que de alguna manera me conoces no por lo que soy ahora, estos ojos, sino por lo que fui para tu alma en el pasado, algo invisible, dile a tu espíritu que me salude; como si se tratara de que por esta vez, que sea “la paz” quien nos conozca mejor”. ¡¿Amor?! Quisiera contarte sobre una persona que con los años se ha vuelto muy especial para mí [-aunque creo que yo para ella no lo sea por el simple hecho, que por cierto, es “Aries” como nosotros, de que a esta mujer, con carácter fuerte como tú, como los rebeldes con causas pero de “corazón débil” cuando “la fe se nos he puesto a prueba a la hora de amar a la esperanza cuando que hay tanto mal en el hombre que aún divide su credo por cuestiones de moral y no por honor”; de que, “no hay corduras sin poesías”; no le gusta las ilusiones ya que considera, a según mis creencias o remota virtud, que “no hay un “por qué” en el amor cuando todo lo que lo comprende, nada, se nos explica con los sentidos” y no una búsqueda interminable, como la verdad, que todos ansiamos tener de frente como para uno decirse [-en resumen, cuesta más sentir “la vida”, así como a la muerte, que estar en ella por lógica y no fragmentarla como al amor tal vez; en deseos- ] “porque es “en el deseo y en el placer” de los seres [-que lo aman todo aun si se tratase del mismo diablo que se viste con túnicas porque así como a Dios, él desea que lo liberen de los pensamientos inocuos del hombre -“ellos deben morir”- porque pareciera no terminar jamás, “los males innecesarios”-] en donde el hombre desaparece” y que, al aparecer, se define como el que nunca encontró la madriguera de su amante sino como el que brincaba de tiempo en tiempo como si todos los espacios de aquella que fue su esposa, “la juvenil”, fuera su necedad-] porque cada vez que la veo siento cómo su mirada se entrecruza con las tuyas cuando que ya tú te fuiste de este mundo dejándome a mí por sobre una memoria de la cual brinco y brinco y que no se rompe porque “algo la protege” sea por lo que significaste tú, razones que no podía rechazar, amar a todo riesgo por primera vez, o por lo que ella esta vez -una vez más como todo; de esos comienzos aunque no quisiéramos hacerlos, crecer y volver a perderse- signifique para lo que soy -un buscador. Uno de universos; de paralelos como la boca que besa con labios usados- al encontrarme con otra flor sin que tú estés también en ella besándome porque sé, que al llegar a “La Esquina de Las Flores”, me verás riéndome como diciéndome -al verte en una de las paredes- “cómo le hiciste para que ella se parezca un tanto a ti”, con esa cabellera negra y larga que no se la corta [-diría yo, que por necia-] como esperando a que yo le tome una foto y decirme después “es por esta razón que no me cortaba el cabello, para que vieras cómo mi yoísmo podía tapar los pezones de tu orgullo; con sensatez”: ¡¿A esta alegoría?! La llamo “Mi Otra Inspiración”: ¿Una de la cual? Me aferro cuando tu cuerpo pintado, aun, como el de una guitarra, me da la espalda porque así lo quisiste antes de morir; de que superara tu muerte y siguiera con mi vida. Pero te encontré, he aquí tu error. Solo que más madura.

Ella Me Está Olvidando
Ella me está olvidando. Y quizás, y no sé por qué pienso esto, es porque le di un motivo como para irse de mi vida; de que a lo mejor “La Paz” me ha encontrado sin que yo la buscara como para desposarla como mi amante; o tal vez, es, porque se dio cuenta de que mi existencia me ha dado otra razón de vivir como para caotizarme [-yo-] en el mundo sin que ella [-quién quita que “La Muerte”, la que olvida si lo soñado desde sí “está viviendo” como si algunas guerras estuviesen bien ordenadas-] esté presente a dónde sea que esté “El Todo”, desde mares abiertos con Cantos Cálidos de Gaviotas que, de las cuales, me recuerdan las veces en que la amé libremente sin que las olas me atraparan en sus revuelcos de amores cuando que en realidad eso no es amor porque... “Al amor no se le acondiciona diciéndole que “el tiempo es una cárcel que lo alberga todo a una eternidad de espacios vacíos”. Al amor se le sugiere “ir y venir” como para que se libre de las condiciones inútiles y así pueda ocupar las insignificancias como para darle un sentido de ser o como para él sentirse completo y lleno aun cuando los vientos del desprecio no estén a su favor”; de que, “de vez en cuando, hace falta ser querido sin uno querer”; desiertos áridos “pero con la esperanza” de que exista un oasis como para saciarme la sed [-de que “he vomitado al hombre-] desde el momento en que empecé hablar conmigo mismo como un loco [-iba a decir “loro”-] o como para no sentirme tan tragado al tratar de abrir mis alas entre arenas calurosas” que tapaban la imagen del anterior turista que fui [-de aquellos que aún creen que los colores de los pintores están separados de quien lo creó “como un color único, como un color especial, como un color que lo comprende todo”, el de “La Luz”: Una que irónicamente proviene de lo más profundo de la oscuridad cuando de la misma ve vida en su interior-] y que, al aletearla con sarcasmos y quitármela de encima -digo, no la vida, sino, de lo que arrastramos por medio de ella, el pasado- pude ver cómo “El Futuro” me llamaba desde lo lejos sin que de mis palabras lo llamaran desde lo que tengo tan cerca, ideas; o le pidieran, y desde la forma, de lo que me la paso uniendo -¡Lienzos. Naciones y banderas!- “solicítame que te escriba sobre la fe o sobre el amor o sobre las veces en la que tanto te he creído y no te vi [-porque pude verme siendo yo la lectura de algo o de alguien más”-] o porque al no verte ahí sentado [-¡Y es contigo! Destino-] como esperándome tú en la piedra, no hice más que partir en mil trozos [-y más-] la “dureza viajera” y tirársela al agua como si la obligara a suavizar, toda “esa” mi culpa [-de que esperé y aguanté y no pasó lo que debía; “DE QUE ERA YO”: Quien tenía “qué hacer” como para que “eso” sucediera-] a quien nunca la tuvo, estanques naturales; hasta montañas altas que al subirla [-¡Y no! A la cima en donde todos alguna vez llegaron, “al seco de los perdones”, sino a lo alto, sí, “a las nubes”-] es cuando empiezo a preguntarte, como para que vuelva la lluvia que me hace caer el orgullo, si por tu mente se te ha pasado la egocéntrica necesidad, pero humilde, de decirme “no te he olvidado” como para yo saber que al lanzarme a lo más “Hondo” me rescatarás y me dirás “NO ES TU HORA” y decirte: Lo sé. Solo quería verte.

Ella Es El Viaje, No Mi Destino
Amor, ¡¿puedo llamarte “amor”, no es así?! -¡Supongo que me he ganado ese derecho, o al menos el decreto de “poderlo decir con gusto”; sí, con más gusto que con atractivo!- Pero a fin de cuenta -“amor mío corazón de otro”- volvamos a comenzar. ¡¿Amor?! Ni te imaginas las veces en la que te menciono a quienes me preguntan sobre ti o sobre tus cuadros mentales, “verlo todo incluso cuando no exista nada” (qué ver) o sobre si la vida en el fondo de la mirada del alma [-del que la vive sin temor pero sí con poco miedo porque, “una persona sin miedo tal vez sea alguien que ha logrado desprenderse de las emociones del individuo para no decir que, su valentía, quizás, es una consciencia ya sin propósito ni razón”-] así como la observación del espíritu que ve lo que hacemos, “elegir ser”: No es una dolorosa existencia cuando estando vivos, y con ánimos de “vivir y ser”, o de ser uno y existir viviendo, no se cree en algo que pudiera significar lo bien de todo aunque la bondad del hombre algunas veces, y en su presente, sean nadeces pasajeras como sus rabias y sus necesidades del futuro, de que se le dé el premio antes de; como cuando vemos a dos parejas jóvenes que, en su etapa de madurez, por más que se consigan a un poste de luz por delante, y otros más en sus espacios privados, como lo íntimo de Dios, ser tú con él, en vez de empujar a la otra persona a su lado desconocido, a la que ese momento tenía más fuerza o que aun siendo débil de ser, la sacó de dónde no la tenía [-como cuando una madre levanta a un carro para liberar a su hijo “que por descuido” estaba sufriendo por la presión que ejercía la realidad personal de las cosas cuando las mismas no van acorde a lo que sí pensábamos, de ese “por qué a mí”-] con el fin de que la unión de su otro ser no se separara por medio del agarre de sus manos tal cual como la sociedad y los engaños de los políticos, “peor sería nada”, ¡¿lo que hacen?! [-¿Y en el centro de la seguridad de que, “Todo Estará Bien”, de ese “Pertenecer Insólito” aunque veas banderas y naciones quemándose hasta por idioteces, “Conquistar El Mundo”?-] Es dejar que sus poderes, “piedras o aguas”, se distancien porque saben que al rato el sentimiento de ambas virtudes, “Confío En Ti”, los volverá a encontrar como quien lee, y de nuevo, su nombre en aquel billete de 2 dólares que alguna vez escribió en soledad: “Si esto regresa a mi vida, “quererte”, la causa que me lo devuelva, obtendrá el cauce eterno de mi amor; hacerla parte de mi existir. Tan inseparable como el óbito y la verdad”: Y es lo que tú has sido para mí, pero más, “para lo que busco que para lo que sueño”. Pero sí, comento de ti y con modestia, a quiénes les sigan preguntando si mis ojos te han dejado de ver; ¡¿pues?! ¡Desde el comienzo creo! Porque de haberte visto, me perdería. Para eso está la esperanza, cegarme; a ti en cambio, te hallo... “Siempre aquí. Siempre conmigo. Siempre ahora”; la fe.

Ella Es Mi Celda
“¡¿Si yo supiera dominar los viajes en el tiempo en esta realidad que por ahora nos separa en el aquí de los espacios de cada quien, y así terminar de convencerte, para cuando me veas de nuevo, ya no como una sombra sino como una viva luz tal como tú, que soy yo esa otra mitad que buscas y aún no encuentras?! No creo que lo haría por el simple hecho que... “No todas las cosas se nos fueron dadas en el mundo para tomarlas a la fuerza, sino para cuando el poder del mismo así nos los indique; entregárnosle “a corazón abierto”. Tan Libres aun en el universo de los desamores”: Aun si esto significara verte “Ser Feliz” con esa otra oscuridad que en su cuello guinda esa otra parte de la moneda, que le has dado y que te dejé sin hacerme notar, que ellos llaman “Poderes Natos”; suerte, calma, o “Mutuo Amor” diríamos”. Entonces preguntémonos: ¡¿Cuántas probabilidades hay, para que cuando nos consigamos en un futuro próximo, que aún estemos tan solteros como la vez en la que “nos supimos” hace unos cuantos años ya?! -¡¿Y de ser posible de que pase, que nuestras soledades, que solas no están en el aire, aún, al fin caigan al piso “porque supieron que éramos el uno para el otro”, seríamos capaces sí, de recogerlas sin que nos enamoremos tan rápido; o soportaríamos más “no ir tan de prisa” como para decir que “uno de los dos tendríamos que ser el acero inoxidable mientras que el otro, “Almas”: Le tocaría jugar “ese papel” de ser el imán que se adhiere a la nevera sosteniendo una nota que dice “Te Amo” y que se cae como para que, en el medio de las inaplicaciones, “ser diferentes”, o en teoría solo serlo, “necesitarnos” y renovarnos en espíritu” porque: “Hasta los imanes pudieran tal vez oxidarse si también de vez en cuando lo otro no le da ese uso correcto de las cosas aplicadas; prácticas comunes o enlaces de pensamientos”; estímulos?! Pero lo cierto es, que no importa cuánto lo intentemos, “que nuestras manos no se toquen y se queden pegadas como nos pasa al tocar algo con pega loca, o que nuestras bocas no segreguen salivas, como nos pasa al probar un limón con azúcar, al ver que esos “otros labios”, que aún no ha besado, son tan provocativos como lo sería para un cura el cuerpo entero de “Una Dama de La Noche” al verla confesar, y de rodillas, sus pecados más placenteros”; desear la carne ajena -y hacerla suya hasta que no quede nada, “amor”- porque “hasta algunos se devoran los huesos de los animales para no dejar ese rastro de que, alguna vez, hubo un rostro que dijo pertenecerle” y que, tanto quiso, que ni siquiera lo incineró por respeto y que lo sobrante, como “Los Polvos de Los Amantes”: Lanzarlos hacia las estrellas como para que después no digan “y que nosotros somos eso”, simplemente bestia: “Simplemente Monstruos. Simplemente, Humanos”: Personas necesitadas de compartir nuestro lado oscuro con alguien que iluminen como para ver si el suyo, “celdas”, es menos; o más aterrador.

Ella Es La Muerte de Mis Falsas Posesiones
“No hay muerte más digna que haber vivido sin pecado alguno qué redimir. Pero eso, entonces, no sería vida. Sería una existencia vacía de todo reflejo no tentativo. “El Perdón”. He aquí, de ahora en adelante, tu “Vaciada Culpa”. Y eso, eso es digno de admirar. Reconocerse”. A veces cuando te veo, y no sé por qué me pasa, es como si tú quisieras que yo te perdonara algo que “hasta la fecha no descubro, desde lo que ocultas, “quizás tus ganas de quererte acercarte a mí”, en ti, eso lo qué será. Ese tal vez; no revelándote, es que te amo”; como si cada vez que me vieras haciéndolo, supongo que en tus sueños, o si no soy tan egocéntrico “en los míos”, que es lo más probable si me mantengo humilde, me dijeras con tu sola mirada -y sin desviarla a ningún lado excepto que a este único y posible momento en el que somos los dos- “Perdóname por haberte recordado. Perdóname por haberte fallado. Perdóname por haberte olvidado”: ¡¿Y los ojos no se hicieron para ver hasta incluso lo prohibido por el mismo Dios en persona?! -Pero tú me dirías: “No seas arrogante, “que ese papel, ser en todo”, no te queda para nada. Estar”: Eran las discusiones que teníamos cuando de niños no nos supimos siendo después unos adolescentes camino a una madurez que por algún propósito nos separó como si ese árbol, que fue testigo de nuestros besos entre columpios y “La Tierra”, lo hiciera como si él, en ella, supiera que “entre una serpiente y un mono no puede haber “deseo y placer”; sino si acaso, un odiado y pasajero amor” que al tiempo, y al espacio de los sabios, son distanciados como si tratara de evitar que una de sus ramas nos cayera en la cabeza -y morir sin que tan siquiera hubiésemos tenido el chance de que cada quien, como amante, contara su parte de la historia- “entre aires que movían emociones, imaginarnos, y suelos, por más sentimentalistas que fueran, de golpe nos traían a la realidad...” [-Éramos tal para cual. Pero sabíamos que no funcionaría. “¡¿En El Otro?! Ser yo”. Qué aburrido hubiese sido; si lo intentáramos disimular. Hacernos la idea de que esa otra forma, era la única que nos negaba; “ser en lo que había”. Ser tú-]... “Como si las historias pudieran, en otros mundos, contarse sin que queden cabos sueltos en el universo de los amores fumados; o como si los títulos de los libros: Fueran leídos desde un futuro que va, aun en el presente de las cercanías, hacia un pasado distante que, aún, no ha sucedido “porque así, sabernos, conociéndonos vamos”; sí, a la experiencia de que “tú y yo”, aunque sea en los reveses, seamos tal para cual...” [-Éramos tal para cual, es verdad. Pero no había motivo alguno como para, y aun reconociéndonos; o divirtiéndonos o tan solo amándola, “hablo de la odiada, la lógica”; negarnos. No de la razón. De ella; de la que justo se da a querer. Ser nosotros-]... Porque de ser, el uno para el otro, en graves problemas nos meteríamos. Poseernos. Qué error.

Ella Es La Suerte Que Requiero
“Todas las almas suponen que el amor no sería tan complicado una vez que lo tienen de alguna manera al llegar a este mundo”: Ellas creyeron que como era una fantasía de la mente para que el ser humano, o cualquier otra especie viva que le tocara encarnar un universo como para tener una “Experiencia Terrana”, supiera lo que es “querer a otro ser como igual”, y no como algo separado del espíritu que los contempla en la dicha de “amar a alguien sin restricciones”, no iban a estar tratando en la carne de que la obra de Dios fuera una palabra, “agua”, sino más bien como un elemento que formara luego un verso cualquiera de ser importante del único pensamiento de las cosas: “Ámense porque antes de que fueran, en la gracia de mi voluntad: “¡¿A ustedes?! Quererlos libres” así como aquel que salta al vacío porque pensaba que era un cuaderno o como aquellos que se besan con pasión porque aún piensan que será la última vez que se vean como animales sin celdas que los limiten a un bosque sin nada “qué destruir” o como aquella, que sin pensárselo mucho, se fue a nadar con los delfines, como para reconstruirse en el todo de sí misma, cuando que eran anguilas eléctricas y de las más peligrosas. “Qué gracioso fue verla lamentarse por los hechos de la confusión del hombre cuando al verlo ser verdad solo le dice: “¡¿Si querernos ha sido lo mejor que te ha pasado?! Hasta entonces no has sabido de las corrientes psíquicas de los que te aman desde las profundidades de sus hipnosis” dejándote casi que en shock por el susto de ver lo imposible hecho propósito”: Que “la razón siempre fue el mayor problema de los serios”: Los he amado sin decirlas”: Sino del cómo un verbo se ha convertido en palabras voluntarias que hasta mutan a veces lo sentido. “¿Pero qué cuestión en lo que hago, “miren a una ventana por el reflejo de un vidrio que enmarca al cuadro que más te gusta”, estaría mal si no lo dijera, que no lo intentes porque no es atractivo hacerlo a menos que mires tú lo que otros ojos no ven, ser lo bueno de las distracciones del otro?” Y resultaría una completa agonía si de vez en cuando no hicieras ambas al verte en mí. “Decir lo que sientes al momento en que haces tuyo lo que sentiste por un instante”: He aquí el secreto del vasto amor y de sus ilusiones limitadas. Decirnos “Permítele al polvo, que el viento arrastra por los aires, a que entre a tu casa que encierras como para que tengas la idea de que aprenderás, en su hogar, otro paso de baile con la otra escoba que poco utilizas”. Darle a tu ritmo una nueva forma de ser, y abierta, aun después de la quietud o del desánimo por cada vez que te muevas en la consciencia”. Y supongo que todo lo dicho, para ella, la suerte que percibo pero que no veo, ha sido nada para los que reciben la brisa de los mares sin “detenerse a pensar sobre los locos que hablan con las sirenas de los rompeolas” porque para ellos esos dos seres no existen: “¡¿Y acaso tú sí, cuando que tu gota de sudor, de lo que huele a cansancio, a pasión e incluso a lágrimas si las contienes, por orgullosa, no ha caído aun al océano?!”: Pero no. No hablemos de ello. Háblame de la ventura. De ti. De lo que me quisieras contar, “con tan solo agendar una cita”, y no me dices por tenerlo a él. Diarios.
- Prof. Miguel Orellana.
Hasta una próxima confesión...
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